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lunes, 8 de agosto de 2011

la dura realidad de una temporera

Gracias a los estudios con perspectiva de género en las Ciencias Sociales han demostrado y denunciado la subordinación existente en este modelo patriarcal, donde las mujeres tienen cargas sociales de acuerdo al modelo de lo que es ser "feminino", donde se enfoca principalmente en que las mujeres deben desarrollarse dentro del ámbito doméstico y cumplir sus roles dentro de este. Cuando la mujer se incorpora al mundo laboral, como lógica debería haber una modificación de la división de roles entre el hombre y la mujer, sin embargo, lo que ha sucedido es que las mujeres tengan más responsabilidades tanto fuera y dentro del hogar, es decir, no sólo deberán trabajar sino también deberán hacerse cargo de la reproducción del hogar, por ejemplo, en el aseo de la casa, lavado de ropa, cuidado de los niñxs, preparación de la comida, ser apoderadas en los colegios, ser madres. Y también debemos incluir el rol de esposas y pareja, donde también deben cumplir un rol en relación a su pareja. Lo que observamos una triple carga, el de ser madres, trabajadora y esposa.
En el caso de las mujeres temporeras, observamos también esta tendencia, en la triple carga. Por un momento enfoquémosno en el ámbito laboral, lo que queremos diferencia de otras mujeres trabajadoras. Las mujeres temporeras trabajan en una jornada laboral más extensa e intensa en comparación a otros trabajos, donde se exige un sobre-esfuerzo físico, en el trabajo a trato, donde se trabaja por unidad de trabajo hecho, las mujeres se sobreexigen para poder obtener una remuneración digna que sea acorde del todo sacrificio que tienen que hacer para poder llegar y mantenerse trabajando en un packing o en terreno. Las mujeres deben estar parada en la mayoría de su jornada de trabajo, SE LES NIEGA A DESCANSAR o A LA LEY DE LA SILLA, cuando ven a una mujer sentada por estar agotada sin justificación alguna son despedidas sin importarles lxs empleadorxs sin están agotadas o no.
Este tipo de trabajo se les considera como máquinas, que deben poseer un ritmo, como en el packing, que sea un ritmo que siga a la máquina de producción, llenando sin importarles la capacidad física de ella, la mesa o try pack (creo que se dice así). Eso se observa cuando se paga a diario donde las trabajadoras dejan de tener un derecho por la cantidad de producción hecha a diario.
Las salidas de los baños es otro aspecto, en el caso de los packing, como se debe tener el mismo ritmo de la máquina no se puede ir al baño o bien es muy complicado porque hay que buscar a alguien que la reemplace mientras se dirige a hacer sus necesidades. El baño es otro conflicto, la poca disponibilidas, por ejemplo, en un predio en Arica, donde existen inmigrantes irregulares viviendo, existen 2 baños para 200 personas, entre ellas, trabajadores que residen dentro del mismo predio y trabajadores que van por el día. Las condiciones higiénica en los packing son precarias, no se tiene papel higiénico, menos jabón y muchas veces no hay agua o bien las cadenas de los baños están en malas condiciones lo que hace que muchas mujeres tengan el riesgo de tener una infección urinaria, también porque no se les da permiso al ir al baño haciendo que muchas se tengan que aguantar. En el caso del trabajo en terreno, es otro triste cuento, muchos predios no disponen de baños químicos para sus trabajadoras, y en el caso de que existen este no se encuentran disponibles para ella ya sea que se encuentran guardadas y sin uso en el predio, o bien, se encuentran a extensas distancias de donde se encuentran trabajando, si tú estás trabajando a trato serás capaz de ir al baño químico que queda a 20 minutos caminando?, no creo, yo me he aguantado. Y estas enfermedades no son consideradas como enfermedad laboral a pesar de que por culpa de las condiciones de trabajo tengan el riesgo de enfermarse. Asi que es común (lamentablemente) que muchas mujeres orinen en los alrededores, en matorrales, teniendo que perder el pudor y arriesgándose mucho.
Los comedores son otra cosa, son pocos los predios que disponen de comedores, son pocos los que están en buenas condiciones higiénicas o que puedan abarcar a la mayoría de lxs trabajadorxs. Si están trabajando en terreno es poco posible que pueda existir un comedor así que muchas comen en el suelo, en la tierra, sentadas entre medio de los agroquímicos que se encuentran espacido en el aire.
Los agroquímicos son otro triste cuento en que se ven afectadas, en el caso de los Truffa Hnos. S. A. en la ciudad de Arica, son los mismo dueños y jefes que permiten la aplicación de pesticidas y fertilizantes delante de lxs trabajadorxs mientras están cosechando. Ellos ven el beneficio económico sin importarles que muchas personas que le están trabajando se están afectando físicamente, no les importa si a sus trabajadores se intoxican. Generalmente esta exposición produce dolores de cabeza haciendo que los trabajadores no trabajen a un buen ritmo, lo que hace que sean retados y muchas veces violentados verbalmente por parte de lxs empleadorxs. También, estas exposiciones no solo afectan a las trabajadoras sino también a su familia. Conocí una vez una compañera de trabajo en la DOLE S.A. en Rancagua, que por culpa de estar expuesta a los fuertes agroquímicos durante el embarazo su hijo nació con hidrocefalia, siendo ella madre soltera, esta triste realidad tuvo que enfrentarla sola. En Arica, conocí una mujer que actualmente se encuentra embarazada y está trabajando, ella es inmigrante boliviana, y por necesidad del dinero y por la inestabilidad del trabajo, tienen que aguantar el trabajo pesado que es cosechar tomates, trasladando como mínimo cajas de 20 kilos, lo que se arriesga a un aborto. En la DOLE vi algo similar, pero entre nosotras la ayudábamos para que no le pasara nada a la mamita y al bebe por lo pesado que es trabajar. Y bueno, la ropa está contaminada con los agroquímicos, eso poco lo dimensionamos y no hacemos nada, porque vamos a trabajar con ropa propia y al cosechar no nos encontramos con protecciones, son pocos los predios que dan gorro y guante, generalmente esto proviene de las trabajadoras, y la ropa queda contaminada, llegamo a nuestras casas llevando también los agroquímicos a nuestros hogares haciendo que nuestra familia también se contaminen de estos. Hay casos de contaminación pero la ley del trabajo solo protege a lxs trabajadorxs en las enfermedades laborales, pero como vemos en la práctica, también son lxs hijxs que se afectan por estos tipos de trabajo.
Los pagos es otro tema, si se trabaja por contratista se paga menos que en las empresas, a mi parecer, las empresas contratista y los mismos contratistas son parásitos de lxs trabajadorxs, llenan sus bolsillas a costa del sudor de lxs temporerxs. Si la caja por la empresa sale 100 pesos a trato, trabajando por contratista sale 80 pesos, quedando los 20 a los contratistas. Además muchos son unos sinvergüenzas que a pesar de que descuentan las cotizaciones previsionales estos no lo pagan robando el dinero a muchxs. Me da rabia que la ley permita esto, permita que le roben al/la pobre, permitan que exploten al/la temporerx. En empresas o predios, se les pega menos de lo que corresponde, existiendo siempre una desconfianza y descontento del/la trabajadorx hacia su empleador/a lo que es justo y lamentable porque más que se sacan la mugre todo el mes ven sus liquidaciones de sueldo, ven sus bolsillos y se dan cuenta que la plata que recibieron no era lo que esperaban
Bueno, por ahora les cuento esto, después sigo contándoles.
Esperemos que pronto todxs lxs temporerxs nos unamos a nivel nacional y exigir nuevos derechos, porq los que existen actualmente no satisface la realidad nuestra y también en vez de ser derechos de lxs trabajadorxs parece ser derechos a favor del empleadx.
Un abrazo

lunes, 16 de mayo de 2011

Temporeras de la agro exportación, tensiones y desigualdades frente al cuidado infantil

Por Angélica Willson, subdirectora CEDEM1
 
En la actualidad, la forma de producción agrícola ha modificado la estructura tradicional del mercado laboral del sector agrario, generando un incremento de la demanda de fuerza de trabajo en las temporadas de cosecha y embalaje y un aumento sostenido de la participación de las mujeres en el empleo agrícola, proceso que ha venido acompañado de la instalación de mecanismos de flexibilización, subcontratación e intermediación laboral con alto impacto en las condiciones de vida de mujeres que trabajan en este sector de la economía nacional. El empleo adquiere un carácter estacional y/o temporal en detrimento del trabajo estable y con salario permanente.
Durante la temporada agrícola una mujer trabajadora puede establecer una relación contractual con uno o más empleadores y rotar en distintas faenas en predio o packing, dependiendo del ciclo agrícola y estacionalidad de la variedad de cultivos predominante en cada zona geográfica en que ésta se desarrolla.
El modelo de flexibilidad laboral ha facilitado la aplicación y abuso de mecanismos de contratación y formas de pago flexibles legalmente establecidas, dentro de las cuales destacan: uso excesivo de contratos por faena y la extensión del sistema de pago “a trato”, que consiste en el cálculo de las remuneraciones por unidad de trabajo realizado, es decir por caja embalada o cantidad de fruta cosechada y por tanto, desaparece el derecho a “semana corrida” y se reemplaza por el concepto de “día trabajado, día pagado. Esta forma de empleo exige un gran esfuerzo de parte de las mujeres que las llevan a extender la jornada diaria, disminuir los tiempos de descanso durante las faenas y auto exigirse metas de productividad a través de la aceleración de los ritmos de trabajo a fin de obtener un salario que permita solventar la manutención familiar durante los períodos de cesantía y por tanto, proyectar sus gastos en función de los ingresos obtenidos durante la temporada de mayor intensidad de la actividad agrícola.
El aumento sostenido de la participación de las mujeres en el empleo temporal no se está dando bajo condiciones de resguardo y seguridad, que permitan establecer una relación más equilibrada entre derechos laborales, derechos al cuidado y protección social, como elementos indispensables para superar situaciones de exclusión social y de género. Las tensiones que se desprenden de la relación entre vida familiar y laboral y en particular, las relativas al cuidado infantil aún permanecen como un campo de preocupación no resuelto. Porque por un lado, se han mantenido prácticamente inalteradas las normas relativas a la división sexual del trabajo reproductivo y doméstico, lo cual significa que el cuidado de los hijos/as se sigue manteniendo como un ámbito de responsabilidad exclusiva de las mujeres y por otro, se agrega la baja densidad de las políticas públicas y la escasa o casi nula participación del sector empresarial en el cumplimiento de normas relativas a cuidado infantil.
La Encuesta CASEN 2006 (MIDEPLAN), estimó que dentro del universo de temporeras agrícolas se registra un total de 66.168 hijos/as menores de doce años. Al comparar estas cifras con la cobertura de la política pública focalizada hacia este sector de mujeres, podemos observar que alcanza a sólo un 22%. Por su parte, la Encuesta Laboral (ENCLA) 2006, de la Dirección del Trabajo, muestra una disminución sostenida del porcentaje de empresas que contrata a veinte o más trabajadoras, lo cual constituye un obstáculo para el acceso de las mujeres al derecho a sala cuna. En 1998 el 21,1% de las empresas a nivel nacional contrataban más de veinte mujeres, mientras que en el 2006 esta cifra disminuye a sólo 12,9%. Cómo se explica entonces, que frente al aumento sostenido de la participación de las mujeres en el empleo, el sector empresarial diluya su responsabilidad en materia de cuidado infantil? La respuesta es evidente, los empresarios utilizan distintas figuras jurídicas para contratar a su personal y a través de este mecanismo es relativamente fácil eludir tales responsabilidades. Esto significa que en el caso de las mujeres temporeras, ellas deben desplegar múltiples estrategias para enfrentar el cuidado de sus hijos/as menores durante los períodos de actividad laboral intensiva, generando una serie de tensiones en la vida cotidiana de las temporeras que enfrentan las responsabilidades laborales y familiares a través de redes de parentesco, vecinales, la tutela de la hija mayor y/o el uso de sistemas informales de cuidado pagado, que conllevan costos económicos y emocionales que recaen en las propias mujeres.
El trabajo de las mujeres temporeras en el sector de la agro exportación adquiere una gran versatilidad, dada la gran diversidad de labores que desempeñan en los huertos o en los packings, tales como poda, desbrote, deshoje, amarre, siembra, raleo, cosecha, limpieza, selección, embalaje, timbrado, entre otras. En general, las temporeras realizan tareas y faenas no calificadas y actualmente se observa una tendencia a la incursión—cada vez más sostenida— en faenas tradicionalmente de dominio masculino tales como poda, amarre, desbrote, demostrando un desempeño igual o superior al que realizan los hombres temporeros, lo cual plantea un tremendo desafío en términos de profundizar los debates en torno a la relación entre trabajo remunerado y no remunerado a partir de la incorporación de nuevas nociones en torno al trabajo, que posibiliten la puesta en valor de una actividad que ha permanecido subvalorada y excluida de las lógicas monetarias sobre la cual se sustentan tales distinciones.
También es preciso hacer una revisión y profundizar los debates en torno a la construcción de conceptos y enfoques como los de “conciliación entre vida laboral y familiar” en tanto imagen idílica de “conciliación de roles”, en la medida que ésta contrasta con las vivencias cotidianas de las mujeres durante los períodos álgidos de empleo productivo, donde están sometidas a tensiones, angustias y arreglos precarios para enfrentar de manera paralela las altas demandas derivadas del trabajo asalariado y el trabajo doméstico y de cuidado. Construir una sociedad más justa y equitativa no es una tarea fácil, requiere de un ejercicio permanente y sostenido que permita evidenciar los impactos diferenciales derivados de su mayor participación en el trabajo remunerado, de allí la importancia de analizar no sólo el aumento de la participación femenina en el empleo, sino en cuáles son sus condiciones de trabajo y de qué manera se transforman las relaciones laborales y los anclajes tradicionales que impiden el establecimiento de relaciones de género más justas y equitativas.

1. Las reflexiones presentadas en este artículo se desprenden del trabajo realizado en el marco de una consultoría a la CEPAL, actualmente en etapa de publicación “Temporeras de la agroexportación en Chile: tensiones y desafíos asociadas a la relación entre vida laboral y familiar”, de las autoras Angélica Willson y Pamela Caro.

FUENTE: http://www.observatoriogeneroyliderazgo.cl/index.php/noticias-mainmenu-2/2370?task=view